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Elecciones en Chile: Baja autoestima, conformismo y tolerancia al engaño

La eterna problemática del hombre en ciencia, arte, como en su vivir en sociedad es divagar entre ver de lejos y ver de cerca. El ser protagonista o simple espectador pareciera ser el principal dilema que atravesamos como especie. Ese aprieto infantil que debiera ser de solución obvia, es una eterna duda que nos carcome silenciosamente.

Bertrand Russell en “Por qué no soy cristiano” explica -sin necesidad de ofender a nadie- por qué rehúsa adoptar la fe católica, señalando algunos errores claros de la religión, desde su institucionalidad, que son finalmente males para la sociedad. Por esto fue severamente condenado, incluso negándole la posibilidad de dictar clases en universidades que a la vez morían de ganas de tenerlo en sus aulas. ¿Ridículo no? De Russell destaco y admiro esa forma libre de decir las cosas, tan respetuosa y a la vez sin temor alguno.

Cuando me preguntan por qué no quiero embarcarme en política mi respuesta es clara: considero la política en Chile un mundillo tóxico y ordinario, donde se ve lo peor de la gente y además se genera una exposición agotadora. Los que no están de acuerdo contigo, muchas veces sin conocerte, estarán tratando de filtrar durante cuatro años tu información privada, (verdadera o falsa), molestando a tu familia y amigos e intentando echar por tierra cualquier gestión que trates de impulsar. Un asco que prefiero reservar para estómagos más firmes que el mío. Así nos llenamos de oportunistas, discursos vacíos, gente falsa, ignorante y delirante que le importa la nada misma la vida de las personas, sólo piensan en escalar, acomodar a sus correligionarios y en algunos casos incluso a su parentela. Sin embargo, los seguimos eligiendo.

Bakunin decía que tanto en política como en finanzas el fraude es considerado una virtud, pero lamentablemente, aunque no estemos insertos en su dinámica directamente, sus prácticas nos terminan afectando de una forma u otra, porque a las personas comunes y corrientes si nos perjudica que en las esferas de poder existan gentes inescrupulosas que frenan iniciativas que podrían beneficiar a muchos porque “no me llevo bien con el de al lado”. Como simple ejemplo revisen cualquier ciudad de Chile donde el gobierno de turno no es del agrado del municipio o viceversa. Ahí mismo se duerme la yegua y mientras pasa el tiempo y las cosas no se hacen vamos echándonos la culpa, cómo no, total así ha funcionado siempre.

Sentido común

Admiro a todos los seres que piensan y usan sus habilidades para el bien común, que tienen una creencia y construyen sobre ella una base sólida siendo capaces de defenderla. Las personas no tienen que pensar igual a mi para ganar mi respeto, por eso esta reflexión no espera atacar a nadie en particular, sino más bien reconocer que nuestra relación con la política, la elección de líderes y nuestra participación real en la toma de decisiones es una falacia. Creemos que decidimos pero no es tan así y duele asumir esa disonancia cognitiva, porque nos pone en un terreno de piso endeble, donde perdemos seguridad.

Richard Feynman, físico y Premio Nobel dijo: “El primer principio, es que no debes engañarte a ti mismo, y eres la persona más fácil de engañar”. No cabe duda que esto es muy cierto, porque si la sociedad está inmersa en una farsa constante, es precisamente porque dejamos pasivamente que eso ocurra, abriendo espacio a que se nos tome por tontos y terminemos adhiriendo a causas, partidos o falsos líderes que en realidad poco y nada hacen por mejorar lo que ya hay ¿por qué?  Tratemos de pensar sin enojarnos.

Lo más cómodo hoy en día es creerle a los medios, a las encuestas y a las redes sociales. Nuevamente la tecnología aparece en mi mapa mental con su ruidito molesto de eficiencia. Pero no seamos flojos, no podemos buscar todas las respuestas en internet porque –esto ya lo saben- nos están masticando la comida hace tiempo y pronto sólo podremos tragar papilla.

El comediante David Chapelle en su última rutina (pueden revisarla en Netflix) aclaró su postura frente a varios temas por los cuales ha sido condenado severamente en redes sociales y de paso sentenció: “No me interesa lo que suceda en Twitter, porque no es la vida real”. Un buen ejemplo que nos recuerda lo irrelevantes que son las redes sociales y que la realidad y la vida misma están en todos lados menos en internet.

El poder, ese gusanillo que corrompe 

Alguien preguntó una vez a Galileo si el sol era eterno y el respondió “Eterno, non; ma ben antico”. El deseo de poder es una de las cosas más antiguas que existe y nuestra época no es la excepción. Pero ese poder al plasmarse en una figura de carne y hueso se vuelve blanco de críticas y es considerado algo “malo”, porque como especie además de ingenuos somos bastante cínicos. Esto en cierto modo obliga a los líderes modernos a camuflar esa desigualdad jerárquica en base a discursos que a la larga no son reales pero la gente cree que ha elegido bien hasta que el blablá se cae por si solo, las personas se desilusionan y el tejido social se sigue destruyendo.

Esto a su vez ocurre porque la gente realmente no es parte activa de lo que está ocurriendo, estamos muy poco involucrados en la gestión y la toma de decisiones, por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario y eso nos termina frustrando y alejándonos aún más de la propia sociedad. Por nuestra naturaleza necesitamos ver de cerca todo, tocarlo con los ojos o con las manos y cuando las cosas se nos alejan inmediatamente se fantasmagorizan, no existen para nosotros.

Creo que el error recae no sólo en los políticos y los partidos que mienten sin asco, sino en las estructuras institucionales y en la figura que conocemos como Estado, me parece que el sistema está diseñado para facilitar la mala praxis y la ejecución pobre en vez de promover una correcta administración. Pero como dicen por ahí, de lo quieto nace lo raudo y si hoy estamos suspendidos sin participar realmente, es rol de cada uno informarse, usar bien la tecnología sin que ella nos use a nosotros y hacer el ejercicio responsable de no creer todo lo que nos prometen sin tratar de bajar a la realidad lo que nos ofrecen. Todos sabemos cómo funciona el país donde vivimos.

La política necesita conversación transparente y ojalá buen humor

Feuerbach decía que para apreciar bien un cuadro se necesitan muchas cosas, empezando por una silla para sentarse largo rato delante de él. Pero esto toma tiempo y parece que es lo que menos tenemos hoy en día porque estamos muy ocupados produciendo y alimentando nuestro precioso modelo económico.

¿Qué podemos hacer entonces? Como en la pintura clásica el acto de apreciación era un análisis panorámico y agotador, Velásquez hizo que la pupila se fijara en un solo punto y desde ahí se construía el universo de la obra. Un gesto social que debiéramos intentar impulsar es entender que si estamos eligiendo líderes dejemos de normalizar la mentira como “parte de la política” y tratemos de atender a promesas de programas realistas que tengan asidero en la proporción tiempo/recursos/realidad país. A ver si con esto se aligera el peso sobre las personas que intentan acceder a un cargo de poder, se transparentan las agendas, bajamos la cuota de mentira y los ciudadanos aprendemos a reconocer que los políticos también son simples seres humanos que nos deben una cosa por sobre todas: la verdad.

Los humanos estamos condenados a gravitar eternamente en el arcaísmo y volver a los antiguos vicios, de formas muy distintas y es deber de cada uno romper con los círculos nocivos para nuestra sociedad. También creo que deberíamos reírnos más, relajarnos, dejar de venerar vacas sagradas y despeinar las instituciones. Total ya hemos visto que tratándolas de usted no nos ha ido muy bien ¿o no?

¿Dónde encontrar algo con que reconstruir el mundo?

Lao Tse sentenció: “Una gran nación es como un gran hombre:  Cuando comete un error se da cuenta. Dándose cuenta, lo admite. Habiéndolo admitido, lo corrige. Considera a aquellos que le han señalado sus faltas como los más benevolentes maestros”.

Obviamente no voy a decirles por quién votar, de hecho, me tiene sin cuidado quien gobierne porque mi interés está en trabajar por aquellas cosas que probablemente no alcance a ver terminadas. Lo importante es navegar, como decía un querido amigo. Únicamente les pido que por favor piensen bien no sólo quién es la persona por la cual van a votar, sino quien está detrás de esa persona. Entiendo que es una cuestión difícil ya que todos llevan una agenda oculta y le deben una vela a cada santo para estar donde están, pero al menos hagamos el intento de revisar un poco sin creer todo a pie junto.

Pienso en esos hombres y mujeres de antaño capaces de morir con las botas puestas por sus ideales. ¿Quedarán de esos? Quisiera creer que si. Goethe decía que para entender al poeta hay que visitar la tierra donde el poeta ha nacido y esa simple recomendación bien vale para todo en esta vida.

Por Romy Valenta Ribera
Jefa de carrera Diseño de Videojuegos UST Valdivia
Fundadora Urban Lab Games SpA
Guionista y escritora