Página 14

OPINIÓN | La verdad no es sencilla: Ideas sobre una ciudad que conozco bien

Comienzo esta columna con la intención de hablar sobre Valdivia y su enorme potencial para ser una ciudad inteligente, pero mientras acudo a mi ordenado listado de atributos, de pronto me siento navegando en un océano de adulación y condescendencia, donde prefiero no naufragar por ahora. Dejaremos los elogios para después y nos centraremos en dar esa opinión honesta que no siempre es bienvenida.

“Si le quitamos el río, Valdivia sería un pueblo horroroso”. Esta frase no es mía, pero la he escuchado un sinfín de veces, claro que me parece un poco acalorada y basada en un análisis superficial, porque si bien el río es un elemento escénico de indiscutible belleza, nuestra ciudad –afortunadamente- cuenta con más atributos. Creo que el problema en este punto, radica en la eterna postal que se ha utilizado para vender la ciudad, centrando el corazón del turismo urbano en el espacio que comprende la feria fluvial, el ex helipuerto y la zona más céntrica del sector Costanera. Ese retrato hablado que llevamos exportando cerca de cincuenta años, bien podría ir renovándose con otras fisonomías, incluso del mismo río pero visto desde nuevas perspectivas. Valdivia es una ciudad que tiende a la segregación, incluso sentarse en un sector u otro de la plaza genera ciertas distancias entre los ciudadanos, imagínense lo que pasa con la apreciación del río desde diferentes barrios. Debemos incentivar que los sectores interactúen y crear una realidad de ciudad conectada, que integre a su gente en un diálogo con la naturaleza y más importante aún, en un diálogo real y honesto entre las personas que cohabitamos este pedacito de cielo tan codiciado últimamente.

“La calle Picarte parece cualquier cosa”. Debo reconocer que para citar esta frase fui bastante delicada, he escuchado decir esto mismo pero en formas mucho más violentas. Tengo 38 años y desde que tengo uso de razón, las primeras cuadras de Picarte han sido siempre carentes de regulación estética, se permite la instalación de cualquier tipo comercio que pueda pagar el arriendo del local que se desocupe y los cables del tendido eléctrico parecen cuerdas flojas sobre las tristes cabezas de los transeúntes, como los tendederos de ropa que abundaban en los guetos en tiempos de guerra.

“La ciudad está llena de autos”. Y es verdad, una vez estando en una fila eterna antes de entrar a un negocio, conversábamos con un conocido que el automóvil es el equivalente al caballo en la antigüedad, las personas están interesadas no sólo en facilitar su desplazamiento, sino en demostrar status y gracias a eso vamos saturando el parque automotriz de una ciudad que apenas se las puede con los habitantes que teníamos. Ahora la cosa está peor, sólo a causa de la pandemia (y porque el desierto avanza a pasos agigantados y el norte se está secando) el sur se ha llenado de nuevas familias que vienen a instalarse no sólo a Valdivia, sino a ciudades que se han posicionado como “mejores lugares para vivir” como Puerto Varas, Frutillar e incluso Osorno. Leyeron bien, dije Osorno.

“Me da miedo dejar la casa sola”. En relación a este punto y conectando con la sobrepoblación mencionada anteriormente, debo decir que estamos en serios problemas. Junto con la “crisis migratoria local” ocasionada –permítanme decirlo- por rankings de redes sociales de dudosa veracidad y notas de matinales y medios de comunicación que cubren farándula, la gente piensa que Valdivia y el sur de pronto están llenos de oportunidades. ¿Existe en Valdivia un orden establecido para la instalación de capital humano calificado en rubros específicos o todavía los que vienen deben esperar que muera alguien para hacerse un lugar?

Que venga a vivir gente nueva debería ser un factor positivo, pero el mercado tiende a regularse en forma abusiva y aumentan los precios de los terrenos y las casas y también los robos, como hemos estado viendo últimamente en sectores residenciales (Villa Los Leones, Krahmer y Villa Europa) donde no sólo entran en casas no habitadas sino con moradores. Hasta hace pocos años, una persona podía transitar sola por estos sectores a altas horas sin sentir miedo, hoy no podemos decir lo mismo.

Lo que acabo de contar no es secreto para nadie, pero molesta leerlo porque es lo que ninguna autoridad ha sabido solucionar. Estos (y muchos otros que no alcanzo a cubrir en este espacio) son dolores que venimos arrastrando hace bastante y no podemos abrir una discusión seria para comenzar a repensarnos como ciudad inteligente si cargamos con semejantes problemas domésticos. Pero veamos qué podemos proponer, al menos hagamos un intento.

El 27 y 28 de mayo nos reunimos en Valdivia Urban Lab, un encuentro internacional organizado por Urban Lab Games –por ahora virtual- de personas que impulsan territorios inteligentes en todo el mundo, el cual pueden revisar en www.valdiviaurbanlab.cl. En este espacio de reflexión y trabajo, financiado por Fomento Los Ríos y apoyado por Prochile y la Mesa Smart City de la Municipalidad de Valdivia, abrimos el diálogo sobre ideas para construir una ciudad mejor y adivinen cuál fue la principal conclusión… Los territorios inteligentes son aquellos que cuentan con ciudadanía inteligente, esto significa personas informadas, con acceso al conocimiento y capaces de ser partícipes en la toma de decisiones porque están al tanto de lo que ocurre en sus ciudades y pueden opinar con libertad. Es ahí donde los cambios comienzan a suceder de manera fluida, cuando la comunidad se organiza y forma parte activa del cambio.

¿Qué es lo que yo espero? Me encantaría que los valdivianos estuvieran cada vez más orgullosos de vivir en Valdivia, pero necesitamos que se genere un cuestionamiento inteligente de todo lo que se está haciendo y pensemos por qué se está haciendo lo que sea que vaya a impactar en nuestro diario vivir. Estamos mal acostumbrados a acatar y creer a pie junto todo lo que nos dicen y peor aún, hemos tomado por mucho tiempo un rol pasivo que nos deja supeditados a manifestar nuestra opinión únicamente cuando hay plebiscitos o cuando ocurre una desgracia.

La clave es que empecemos a escuchar a las personas que piensan libremente, gente que desde el mundo público, la calle y la academia tienen buenas ideas para compartir. Veamos con ojos críticos los proyectos que amenazan nuestro entorno natural y seamos cuidadosos al comprar discursos de líderes políticos, revisemos los programas de nuestros candidatos y recordemos cada día a quienes elegimos por qué los elegimos. Pero sobre todo, seamos personas pensantes y trabajemos no sólo por nuestro futuro personal, sino por el colectivo. La postal más linda de Valdivia adivinen qué, somos nosotros viviendo felices y eso es algo que está en nuestras manos. ¿Te sumas?

Por Romy Valenta Ribera
Jefa de carrera Diseño de Videojuegos UST Valdivia
Fundadora Urban Lab Games SpA
Guionista y escritora