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OPINIÓN | Valdivia, la ciudad más segura de Chile. ¿Es broma?

Este mes tenía pensado dedicar el espacio de opinión para hablar sobre otro tema, pero frente a la emergencia que estamos viviendo no me quedó otra opción que cambiar el rumbo y escribir sobre un poncho que nos está quedando bien grande: la seguridad. Si bien la columna anterior sobre Valdivia tuvo buena acogida y llegamos a varios miles de lecturas, esta vez, mientras Chile siga siendo un país tan centralizado, necesito que la publicación ojalá llegue a los Ministerios que otorgan recursos a las policías y regulan el Poder Judicial, ya les contaré por qué.

Inicio este viaje de manera fortuita, a través de una herramienta tan sencilla como un chat de vecinos de Villa Los Leones, el cual afortunadamente está conformado por personas responsables que dan un buen uso a la plataforma. Revisando a ratos leía todos los días algo nuevo: “Me entraron a robar, segunda vez que me pasa”, “a mi vecino le entraron a robar anoche”, “estaba viendo tele en el living y un tipo se metió a mi casa”, “me desperté y había dos tipos en mi pieza” y la lista continúa y continúa. Yo leía estos hechos con bastante preocupación, hasta que el tema se abordó como junta y vinieron del municipio a darnos una charla sobre seguridad. Era primera vez que asistía a una instancia de estas y me gustó porque a pesar de que el tema no es agradable, se siente bien ver una sala llena de personas. Es ahí donde comienzo el recorrido conociendo los límites de tres instituciones: Municipio, Fiscalía y Gobierno Regional.

Yo cuido a mi vecino

Primera parada: La reunión en la sede vecinal. En este punto quiero ser enfática, lo que menos me interesa es criticar a la municipalidad  en estos momentos, sobre todo cuando hoy existe una lucha por otorgar mayor poder a los gobiernos locales, lo cual entiendo decantará  en aumento de recursos desde nivel central, más autonomía y espero más seguridad a futuro. No obstante lo anterior, es importante  señalar que en esta administración y las anteriores la única herramienta para hacer frente a la delincuencia que se nos ofrece es un plan basado en la tenencia de silbatos y stickers en las casas que dicen “Yo cuido a mi vecino”; esto se repite en varias ciudades de Chile. La estrategia aquí es corta y precisa: si entran a tu casa, soplas el pito y tus vecinos salen a mirar/ayudar. Esto se supone que debiera ahuyentar a los ladrones o incentivar una detención ciudadana, me imagino carabineros llegaría después a realizar su labor como en Scooby Doo, llevándose a los malhechores que ya están reducidos y maniatados. Debido a que dispongo de un pequeño espacio, dejaré  que el lector saque sus propias conclusiones y reflexione sobre esta medida. Detrás de este plan existe trabajo y esfuerzo de personas, el cual merece respeto, pero a la vez sirve para que otras organizaciones “descansen” pensando que con el pito ya estamos cubiertos.

Mientras más denuncias, mejor

Segunda parada: Reunión con Fiscalía. Debo decir que esta reunión me gustó bastante, llegamos con una vecina adulta mayor y el  presidente de la junta de vecinos. Desde el inicio fuimos súper bien recibidos, estaba presente el equipo de Análisis Criminal y Focos Investigativos y hasta nos esperaron con cafecito. Pero la deferencia no terminó sólo ahí, nos tenían una presentación muy clara para explicarnos cómo trabajan cuando se generan focos de robos por sector y nos dijeron que lo más importante es que la gente realice sus denuncias oportunamente para que se pueda redoblar la presencia policial. Yo entiendo la lógica de que las personas deben realizar una denuncia cuando son víctimas de un delito, pero sólo haciendo el ejercicio de contabilizar los robos ya denunciados que se comentan en el chat la cifra me parece una locura. ¿Cuál es el número mágico? No tengo idea. Aparte de esto, la formalización de los individuos que cometen estos delitos es muy dificultosa, ya que no basta con que los vecinos sepan quiénes son, que estos sean los mismos que van rotando por diversos sectores de la ciudad hace bastante tiempo, que las cámaras de seguridad de los domicilios graben sus caras, que estén todos identificados. Cuando pedimos más seguridad en las calles, controles, rondas (ojalá más iluminación y cámaras públicas) se nos deriva con el Gobierno Regional. Aprovecho de agradecer el tiempo que se dio Fiscalía con nosotros, además de la gentileza y preocupación honesta de quienes nos atendieron.

Somos la ciudad más segura de Chile

Tercera parada: Gobierno Regional. En este punto uno ya viene con un poco de agote y de pronto aparece el concepto “Poder judicial”. A raíz de nuestra reunión con Fiscalía, llegamos al Departamento de Coordinación Regional que depende del Ministerio del Interior, aquí la solicitud fue la misma que en los pasos anteriores: redoblar presencia policial, mayor control, drones etc. (a estas alturas una se pone
patuda). En esa conversación me enteré que existía la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) del INE, donde, adivinen qué: hemos sido galardonados por varios años consecutivos como la ciudad más segura de Chile. Esta encuesta mide percepción ciudadana, pero no sé bien dónde van a preguntar porque a mí nunca me ha tocado. ¿A ustedes? De esta reunión salieron dos soluciones concretas: solicitar mayor presencia policial al Subprefecto de Carabineros y presentar nuestro caso al comité del programa S.T.O.P. a realizarse a fines de septiembre.

Voy a dejar bien en claro que si hubiera querido sacar de contexto o dejar mal a nuestras instituciones podría haber echado mano a frases que escuché y dejaré sin autor, como las siguientes: “No hay que hacérsela fácil a los ladrones”, “Tienen que aumentar el tamaño de las rejas”, “Para optar a cámaras tienen que postular a un concurso”, “No hay que dejar las casas solas”, “Mientras más denuncias hagan, carabineros tiene que ir”, “Carabineros no está haciendo la pega porque no da abasto” (con esta última me imagino cómo se reirán los ladrones) y mi favorita “Primero tienen que ser una estadística, no vale la percepción”.

Yo entiendo que la policía está sobrepasada porque, a pesar del optimismo de las encuestas del INE, Chile se ha vuelto un lugar mucho más peligroso en los últimos años. Al menos yo no necesito ninguna encuesta para darme cuenta de eso. También conozco el límite del servicio público y también separo el rol de las personas que trabajan en esas organizaciones de los vicios y falencias de cada estructura administrativa. Pero no porque tengamos sistemas inadecuados, ineficientes, carentes de recursos o simplemente anticuados podemos dejar que “la responsabilidad del otro” le reviente en la cara a las personas. Esto es una olla a presión y la aguja está disparada.

También entiendo que algunas personas se puedan sentir interpeladas o pensar que yo, una simple vecina de barrio, les está diciendo cómo hacer su trabajo, pero esa no es la intención, tengo cosas mejores qué hacer que andar armando escándalo. Lo que hago simplemente es resumir en un relato cómo el sistema hace rebotar a las personas que buscan solución a problemas que afectan no sólo a un caso particular, sino a comunidades completas, porque si me he decidido a contar esto es por respeto y empatía hacia mis vecinos y vecinas que ya no dan más, su calidad de vida se ha visto sumamente afectada porque se levantan y se acuestan con miedo, mismo miedo que hoy genera ideas radicales para resguardar sus viviendas y la integridad de sus familias, ejerciendo por sus manos el derecho a seguridad sobre su propiedad privada.

Espero haber sido clara y que si esta opinión genera alguna réplica sea para solucionar el problema y no para quejarse o excusarse. A ver quién recoge el guante primero.

Por Romy Valenta Ribera
Jefa de carrera Diseño de Videojuegos UST Valdivia
Fundadora Urban Lab Games SpA
Guionista y escritora