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Valdivia, zona de sacrificio

En la serie The Deuce de David Simon, la cual recomiendo (pueden encontrarla en HBO Max), podemos apreciar cómo los microcosmos urbanos se convierten en verdaderos infiernos de violencia y descontrol si se generan ciertas condiciones. En esta ficción basada en hechos reales, los bajos fondos se organizan para generar  sistemas sociales, incluyendo nuevas economías y códigos morales. Su principal protagonista es un barrio en la ciudad de Nueva York en los años ‘70s, al igual que la ciudad de Baltimore de principios del 2000 lo es en The Wire, otra obra maestra de Simon. La explotación, el salvajismo, la ilegalidad y los excesos de todo tipo descansan y se fortalecen a gusto bajo el alero de la corrupción. Finalmente, el cáncer social se esparce por toda la ciudad, sin ningún control. La serie está llena de pasajes poéticos que reflejan distintas caras de la miseria humana. En una escena una joven prostituta conversa con un policía bonachón que le brinda comida mientras pasa la noche en la comisaría. El hombre le pregunta: “Acaso no puedes dedicarte a otra cosa?” y ella responde: “Me creerás que olvidé completamente estudiar y educarme?”

 

Hace pocos días fuimos testigos de un tiroteo en la salida de un colegio, justo en el horario en que los niños salen de clases y sus padres van a buscarlos, yo pasé caminando por ese lugar 10 minutos antes en compañía de un amigo, no volaba una mosca. Afortunadamente no hubo heridos, pero al ver la cantidad de impactos de bala en el automóvil afectado, cuesta no hacer el ejercicio inmediato de imaginar el cuerpo de un niño o una niña perforado por los proyectiles o por qué no, yo misma tirada en el suelo por haber estado en el lugar y momento equivocado.

 

Toca recoger el guante

La última vez que escribí una columna sobre seguridad pública varios me aplaudieron, pero muchos también se enojaron. Me imagino porque es un tema que hace rato se nos fue de las manos. Cuando me  llamaban personas para comentar la columna o sugerirme que debí ser menos directa descubrí una cosa: Este espacio que hemos generado donde yo hablo sin filtro es leído por más gente de la que creo, por eso tengo toda la intención de aprovecharme de eso.

 

Por supuesto no soy nadie para devolver la seguridad a Valdivia, ciudad amada por quienes nacimos y vivimos aquí, pero al menos tengo esta tribuna para transmitir el sentir de mucha gente común y corriente como yo, que está no sólo cansada, sino profundamente apenada por la sensación de inseguridad que estamos viviendo.

 

Las redes sociales a veces sirven para algo

Si bien no soy fan de las redes sociales debido a la compulsión narcisista de la mayoría de los usuarios que buscan satisfacer sus egos adoloridos, debo decir que la aplicación de ciertos filtros y leer a la gente que piensa, suele ser un buen ejercicio. En este sentido, he pedido autorización al abogado con experiencia en el sistema judicial, Mauricio Obreque, para compartir una reflexión realizada en forma pública a través de sus redes sociales.

 

 

“En Agosto de 2021 escribí esto, y lo reitero, a propósito de la balacera ocurrida hoy frente al Colegio Inmaculada Concepción de Valdivia: “La construcción de la cárcel privada en Valdivia no obedeció a una necesidad local: Nuestra región no producía más de 800 presos al año. La antigua cárcel de Isla Teja por supuesto no reunía los requisitos de habitabilidad mínimos para un ser humano, pero tampoco era necesaria la construcción de un macizo carcelario como el que se hizo en Llancahue. Dado el tamaño de la nueva cárcel, se creó un incentivo perverso, el Estado paga por una cárcel llena, y ni todos los presos de la región pueden cumplir ese cometido. Comenzó por tanto una política de traslado indiscriminado de reos de alta peligrosidad desde todo Chile a Valdivia, y con ellos, muchas de sus familias, verdaderos clanes familiares que ahora controlan el tráfico de drogas y armas en Las Ánimas, Guacamayo y los campamentos de la ciudad. Valdivia se hace cargo ahora de los presos más peligrosos de Chile. No importa que nuestra ciudad o región genere exitosas políticas de seguridad ciudadana, pues nada puede resistir el recibir mil presos al año. Los reos locales, menos peligrosos, muchas veces campesinos de las zonas rurales, ahora deben enfrentarse a peligrosos narcotraficantes de Santiago, Antofagasta y Concepción, quienes luchan por el control de los módulos carcelarios. En esas condiciones disminuyen las posibilidades de reinserción, dado que prima la necesidad de supervivencia en una de las cárceles con más homicidios en Chile: la de Valdivia. Gendarmería debe detener el traslado de presos de alta peligrosidad a nuestra ciudad, pues nos está convirtiendo en una verdadera zona de sacrificio de la delincuencia organizada de Chile.”

 

Además de hacerme mucho sentido, esta publicación fue validada por comentarios de diversos funcionarios públicos, asistentes sociales y gente que realmente conoce el sistema desde adentro, por eso quise compartírselas.

 

Leer “somos además una ciudad con una de las cárceles con más homicidios en Chile” me parece aterrador. Dentro de las peticiones más frecuentes que las personas privadas de libertad en Valdivia hacen a sus defensores es el cambio de cárcel. El destino: donde sea, no quieren estar acá porque saben que corren peligro de muerte. Pienso en aquellos reos de baja peligrosidad, personas que por cometer un robo están cumpliendo una condena a veces mayor que la de un violador o un asesino, porque en Chile según el código penal el valor de la propiedad privada suele ser más importante que el valor a la vida. Doblemente aterrador.

 

Pero cuidado con hacer conjeturas fáciles y estigmatizar zonas de la ciudad creyendo que allí y sólo allí, en esas poblaciones se gesta la criminalidad que tanto repudiamos. En esos lugares vive gente hermosa y decente que merece todo nuestro respeto. El mal o como quiera llamarse no subsistiría en forma tan eficiente si no fuera una organización que posee cabezas pensantes, gente con cultura, poder y dinero que ordena las piezas según su antojo y conveniencia. De todos los flagelos que nos azotan debemos sacar del primer lugar de la lista a la droga y la delincuencia y centrarnos en lo más cruel, aquello que viene antes de que eso se origine como síntoma y consecuencia: la corrupción, el capitalismo, la pobreza y la desigualdad.

 

¡Escudos arriba!

En muchos episodios de Star Trek esta es la orden que la tripulación recibe por parte del Capitán Kirk: alzar los campos de fuerza para proteger a su nave, el Enterprise, de los ataques enemigos. Los campos de fuerza son tan importantes en esta serie que básicamente todas las batallas pueden medirse por el éxito o fracaso de estos escudos. Cuando la protección decae, el casco de la nave queda expuesto, los ataques terminan generando daños graves y la tripulación debe rendirse.

 

Utilizo esta analogía que los no-amantes de la ciencia ficción (pobres almas!) tildarán de infantil, porque me parece sumamente equiparable a lo que estamos viviendo hoy. Nos hemos rendido porque no tenemos ningún campo de fuerza que nos proteja, estamos expuestos y rendidos a los pies del enemigo invisible, ese que sale a disparar a la calle en pleno horario de salida de clases. No crean que le resto seriedad al problema citando sagas nerds, pero pónganse en mi lugar, no soy experta en seguridad pública, sólo soy una lectora de libros fantásticos, aficionada a la narrativa, vecina de barrio común y silvestre y profesora de oficio que cree que la educación debiera ser un derecho real para todos y cada uno de los habitantes del país, tratando de explicar que me afecta profundamente que en Chile no nos sintamos seguros porque básicamente las personas no tienen la oportunidad de ser bien educados, alimentados y protegidos desde que nacen, sin importar su origen social. Siento impotencia y me van a disculpar el ejemplo, pero no estoy para explicaciones científicas y académicas a estas alturas. Para mí el relato honesto es homologable a una imagen física. Uno de los genios más grandes de nuestra época, Michio Kaku, precursor de la teoría de cuerdas explicó que se basó en los diagramas de Michael Faraday (científico autodidacta, de origen muy pobre) para desarrollar una de las teorías más relevantes de la física moderna. “En ciencia, una imagen física, es a veces más importante que las matemáticas utilizadas para describirla”. Hoy he querido dibujarles este diagrama, en forma de palabras.

 

 

Monos matando monos 

Mientras pienso en nuestro problema local de seguridad leo noticias de Rusia y Ucrania. Bombas del cielo matan familias, perros abandonados y famélicos duermen junto a los cadáveres de sus amos. El chiste se cuenta solo, no quedan ganas de escribir. Right in Two de Tool resuena elocuente y resume nuestra evolución en una canción.

 

Ángeles al margen

Desconcertados y divertidos

¿Por qué el Padre les dio libre albedrío a estos humanos?

Ahora están todos confundidos

¿No saben estos monos que hablan que

el Edén tiene suficiente para todos?

Mucho en este jardín sagrado, monos tontos

Donde hay uno, estás obligado a dividirlo

Justo en dos

 

Ángeles al margen,

desconcertados y confundidos , el

padre los bendijo a todos con razón,

¿Y esto es lo que eligen?

 

Mono matando, mono matando, mono por encima

Pedazos de tierra

Monos tontos

Dales pulgares, ellos forjan una hoja

Y donde hay uno están obligados a dividirlo todo

Justo en dos

 

 

Mono matando, mono matando, mono encima

Pedazos de tierra

Monos tontos

Dales pulgares, hacen un garrote

Para golpear a su hermano

Cómo han sobrevivido tan equivocados es un misterio

Repugnante es una criatura que desperdicia la capacidad

para levantar un ojo al cielo, consciente de su fugaz tiempo aquí

 

El cosmólogo Carl Sagan escribió: “Qué significa para una civilización tener un millón de años? Tenemos radiotelescopios y naves espaciales hace unas pocas décadas; nuestra civilización técnica tiene sólo unos pocos cientos de años… una civilización avanzada de millones de años de edad está mucho más alejada de nosotros que nosotros lo estamos de un lémur o un macaco”.

 

¿Quién debe hacerse cargo entonces?

Es muy frecuente que las personas por desconocimiento o simple lógica asocien inmediatamente los problemas de ciudad con el Municipio y si esto implica seguridad y/o delincuencia se suma al emplazamiento a Carabineros de Chile. Pero como intenté explicar en mi columna anterior sobre este tema (La ciudad más segura de Chile es broma), ni la municipalidad ni carabineros tienen responsabilidad directa en este problema que obedece al Poder Judicial. En este punto no quisiera dejar líneas abiertas a cualquier interpretación, lo que pienso derechamente es que si se están trayendo reos de alta peligrosidad a Valdivia y con ellos vienen sus familias, quienes a su vez también en ocasiones delinquen y no son procesados por quizás qué motivo, es que se intervenga en aquellos grupos sociales que requieren apoyo para superar el círculo de la pobreza y la delincuencia, trabajando especialmente con los jóvenes y niños en su inclusión y rehabilitación. No se debe marginar a estas personas, su integración es la deuda que tenemos con ellos como país.

Resulta importante entonces que la ciudadanía informada canalice su preocupación de manera organizada frente a este tipo de situaciones que se gestan en ambientes de dolor, miseria y desmembramiento social. Pero no olvidemos que los hilos del narcotráfico llegan también a las esferas más altas y la violencia que vemos en la calle es sólo una parte del problema, lo que estamos sufriendo es producto de la impunidad de quienes nunca van a la cárcel y se enriquecen con la guerra que ellos mismos desatan.

Junto con la exigencia de restaurar la paz debe existir también un compromiso personal en la mejora de las condiciones que destrozan la vida de inocentes a diario. Como seres sociales no podemos ser indiferentes al dolor ajeno y debemos analizar qué grado de responsabilidad tenemos en este entuerto. Hoy en Valdivia todos podemos morir de un balazo a plena luz del día y es algo que debemos detener siendo un aporte a la sociedad dañada que hemos creado. Cierro estas líneas con la esperanza de que podemos generar un cambio desde el amor, la inteligencia y la confianza.